Yo yo she

La gamba

La mayor parte del tiempo tengo la sensación de estar metiendo la pata. Diga lo que diga, haga lo que haga. Pisando dedos. Y como si llevara botas de bombero, de esas que tiene puntera de metal, suelas gordas y que pesan más de lo que soy capaz de levantar. Como si todos el mundo bailara a un ritmo más o menos aprendido y yo me perdí las clases. Como si siguiera siendo la bruta de 11 años que tenía esta misma estatura que tengo ahora y que era una especie de marimachogigante que se agarraba a las piñas en el recreo a pesar de mi excelente legajo como alumna (y esta cara de buena que porto).

¿Pero sabés qué? Empieza a ser una de esas cosas que antes me hacía sufrir (como el “punto chungo”) y ahora me gusta. Porque soy yomásyoquenunca.

Ay, cómo me quiero a veces.

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