Surfeando
El otro día hablábamos con la vecina sobre la plenitud. Y de cómo y dónde la buscamos. Y si, tendremos charla de portal a portal pero hablamos de cosas interesantes (?).
Pero en realidad no quería hablar de eso sino de esta sensación que tengo últimamente (bueno, digamos que va durando) de sentir que no tengo ningún control sobre las cosas y que me chupa un huevo.
Descubrirme capaz de desconectar, pasar, pensar y elegir en qué pensar, que los condicionantes no sean más que unas absurdas reglas del juego que aunque no domino, de verdad, me chupan un huevo, es fantástico. Y digo más: es satisfactorio.
Últimamente me descubro un montón de cosas feas de mi, que me gustan. Que me gustan. Eso es como la antítesis de mi misma. La sensación de que todo se va al carajo y que desde ahí les mando saludos a mi mamá y a mi papá y a todos los que me conocen.
La cosa es que yo siempre hablaba de coherencia pero en el fondo, no quería ser coherente. Y resulta que no lo soy. Y eso está especialmente bueno cuando están pasando tantas cosas como ahora (acá adentro, allá afuera y en este lugar cuyo nombre empieza con c). Y tomo mil decisiones y no llevo casi ninguna a cabo.
Y luego está esta sensación de ser de acá, más de acá que de ningún otro lado. Y aunque todavía siento que me estoy yendo, siempre yéndome, está bueno porque me estoy yendo pero no me fui y a lo mejor no me voy nunca. Pero se siente que la cosa está en movimiento.
Releyendo el post digo: si, definitivamente mi coherencia y yo nos fuimos al carajo (y acá casi es primavera).







