Fotos con ojos
Tenía tantas cosas en mente que se pueden contar. Y tan pocas ganas de contarlas. No, miento. De contarlas, si. De escribirlas, no. Pero pilas, che.
La semana pasada fue la sesión de fotos con Enhamed Yahid, el nadador ciego del equipo paralímpico español, que es el favorito para estas olimpíadas, entre otras cosas porque ha batido incluso marcas mundiales. Enhamed es canario pero vive en Madrid porque acá entrena y estudia… bueno, lo de estudiar… como dice él, con sonrisa e ironía, es algo que tiene medio abandonado pero normal, si está entrenando para los juegos de Pekin y ya no queda nada. La cosa es que las fotos se hicieron en el Centro de Alto Rendimiento, donde todos los deportistas olímpicos y paralímpicos que viven en o cerca de Madrid, tienen su espacio de práctica deportiva.
Acá tengo que hacer un inciso: cuando veo este tipo de instalaciones públicas, me doy cuenta de lo mucho que me gusta vivir en este país. Es que ves adónde va el dinero que pagas en impuestos, servicios, renta, los descuentos de la seguridad social. Cierto, es un montón de plata. Pero se invierte en este tipo de cosas y eso da emoción. Imaginate si en Argentina, parte de lo que se roba se invirtiera donde corresponde. Bueno, me callo, que si no me pongo a llorar.
En fin, con Enhamed estaban otros tres de sus compañeros de selección, que no me quiero olvidar de nombrar porque la broma del grupo es que como Enhamed es el más guapo siempre lo sacan a él en las fotos. Los chicos (que sufren diferentes grados de pérdida de visión pero evidentemente se multiplican en sentido del humor) son Enrique Floriano, Juan Diego Gil y Luis Arévalo. Hubo foto de grupo y momento divertido cuando la fotógrafa, María Primo, les pedía que miraran hacia ella y los chicos le decían a Enhamed (que era el único ciego total del grupo) “¡Enhamed, que te dicen que mires, hombre, no hagas perder el tiempo!” De hecho, eso es lo que noté y es que usar verbos como mirar no es problema porque al fin y al cabo, se trata de dirigir la mirada y para un ciego, la voz es una referencia perfectamente válida, da igual el verbo que uses.
En fin, que todo salió bien, María (la fotógrafa) es re macanuda y en sólo un par de horas teníamos material más que suficiente (sólo usaremos una o dos fotos de este chico porque hay otros doce paralímpicos que van a salir retratados en el libro que estamos haciendo). No sé, yo me lo pasé bien (además, salir de delante de la pantalla siempre se agradece) porque de estas cosas se aprende (es que me puse a jugar a asistente de fotógrafo, porque sólo opinar y proponer fotos puede ser aburrido si es lo único que hacés durante tres horas) y además me vino bárbaro para empezar a pensar el “hilo conductor” del libro porque ahí me di cuenta de que la cosa emocionante no es sólo conocer a una persona con discapacidad que se supera, a un ejemplo de vida, sino que estás charlando tranquilamente con un deportista de élite, una persona que sin dudas te da mil vueltas porque entrena, se prepara, se concentra y qué querés que te diga, la gente que tiene pasión por lo que hace, a mi me emociona. Y ahí te das cuenta de que eso es lo que querés que todo el mundo sepa, no sólo que los discapacitados son iguales a todos, sino que… son mejores ¿se entiende?
Bueno, después sigo







