Conclusiones estúpidas XLVII
A los que no entendieron nada, les digo: no entendieron nada… giles…
Ya volví.
A los que no entendieron nada, les digo: no entendieron nada… giles…
Ya volví.
Pisar a fondo, marcar las ruedas en el asfalto, hacer trompo, bajarse a lo bestia, dar un portazo y sacudiendo los brazos correr pradera abajo al grito de “aaaaaahhhhh”. Yo sé lo que es “pegar un frenazo”.
En esta época empiezo a florecer. Empiezo. Porque al final, los brotitos se me queman.
No tengo hambre, tengo ganas de comer. Y los alimentos no se digieren. Se sedimentan. Aia.
En una conversación online y como aclaración, por eso los paréntesis: (es difícil pero todo lo bonito y lo simple suele serlo). De mi colección de epifanías personales.
Hago siempre lo que debo. Eso no quita que a menudo haga lo que no debo. Pero lo que debo, eso lo hago seguro ¿mesplico?
Ay. A veces me quiero tanto (tantotantotantotanto) que no entiendo como podés (?) no quererme igual. Si, a vos te digo. Tipo: ya.
Imposible enamorarse si la parte de tu (?) que te permite idealizar está rotita.
Yo quiero que me quiera un hombre al que le pueda cocinar.
Quiero creer que uno puede enamorarse muchas veces y que cada vez que se enamora, le parece que la última vez estaba equivocado. Porque además quiero dejar de pensar que la última vez que me enamoré es la última vez que me enamoré.