Quizás deberÃa
Quizás debería crear nomás una nueva categoría llamada “Momentos kitinmuñoz” porque de verdad, entre que me están arreglando la cocina después de un año de vivir con el peligro pendiente de que se me caiga el mueble, el termotanque de 50 litros y la escayola en la cabeza, con el consiguiente movimiento de extraños que entran y salen de mi casa a gusto y piacere, el llegar un día y encontrarme tantos bultos embalados que tengo que dormir con el sofá-pseudo-cama plegado (y fijate que no soy alta pero ni así me alcanza para el largo del cuerpo), el llegar al día siguiente y encontrarme con que el mueble de la cocina “a medida” no encaja, no cierra, no-es-a-me-di-da y etcétera, etcétera (y mirá, no voy a contar detalles pero cabe decir que he tenido que enojarme y pegar cuatro gritos y eso es algo que me resulta tan agotador como un día de montañismo o tres horas de gimnasio – digo yo, que no tengo ni idea de cómo serán esas experiencia pero vamos, supongo que te duele todo y quedás agotado como quedo yo cuando termino de gritar – odiogritar).
En fin, que no era eso lo que iba a contar. Lo que iba a contar es que el otro día iba en el metro y delante mío, sentados, iban una sacerdote católico de unos 70 años que no paraba de mirarme el escote de una manera muy incómoda (para mi, porque él parecía de lo más relajado) y a su lado, una chica musulmana leyendo una novelita romántica (y, cómo decirlo… de esas “húmedas”) de las de bolsillo titulada “Yasmin, ardiente amor” o algo por el estilo ¿a que es bizarro?







