Toda la vida

Acabo de ver una peli: The man from earth. La vi porque leí algunas cosas buenas en los blogs esos frikis que yo suelo leer (nadie se ofenda) y aunque es medio chorra (imaginate, el tema es que un tipo que le confiesa a los amigos que es un cro-magnon y que lleva viviendo 14.000 años y todos los planteos que desde ahí se disparan) estaban interesantes algunas de las ideas que salen. Igual, parece una tv-movie y probablemente, si tuviera un rollo más indie, le hubieran sacado más jugo pero bueno. Para un viernes y a estas horas, estuvo bien. O sea, pueden verla. O no. Qué más da.

La cosa es esa. Que qué más da ¿no? Pero no dicho en una onda depresivoblue sino bien. Como quétranquilaquémásdá (puntos suspensivos).

En fin, que contaba que me cambié de laburo otra vez y qué se yo. Dos semanas (y chirolas) de pesadilla, en parte porque, claro, se contrata gente cuando re-al-men-te hace falta (o sea, picos) y luego está la cosa de la propia inseguridad, habré hecho bien, por qué no me quedé donde estaba, a dónde iremos a parar, en fin. La paranoia normal. No quiero hablar del tema. Porque es tan poco tiempo que al fin y al cabo, qué conclusión puedo sacar: ninguna. De todas maneras, estoy aprendiendo (un poco) a callarme la boca cuando NO SÉ.

Igual, hoy me di cuenta de. Es decir. Lo afectivo. Tipo, saliendo supertarde se genera un momento conversación. Porque resulta que estoy en una empresa grande y hay gente de todas partes: ingleses (predominan), italianos, portugueses, dos brasileños que son divinos, varios franceses (yo estoy trabajando con uno que es un santo), españoles (claro) y ohmilagro, una única argentina que soy osseayo (si, y hago todos los chistes porque no da, no da ni un poquito que te los hagan y te caigan mal, entonces me adelanto, me río yo sola de mi y de mi nacionalidad y de esa cosa de idiosincrasia porteña que no pero si, total, no vamos a despreciar una oportunidad de reirnos ¿no? Por ejemplo: jefe pregunta “Daniela, are we winning?” y Daniela – asi, como si fuera Maradona, en serio -, gira lentamente la cabeza y marcando acento platense responde “¿A mi me preguntas? Sho soy argentiiiiina.” Jajaja, nos reímos todos y yo, mirá, si la gente se ríe con las boludeces que digo: en-can-ta-da).

En fin, decía. Que hoy me di cuenta de que por mucho que me estrese y me cague y blablabla, en cuanto tengo momento de charla con los compañeros, aparece un poco de camaradería, se cuentan cosas, te empezás a sentir parte de algo, ya está. YA ESTÁ. Es decir, a mi se me baja la angustia, se me disuelve, ya salgo contenta y que me tiren todo lo que quieran que yo ya soy feliz.

Otro descubrimiento de las últimas fechas: que reboto. Es decir, paso por el estrés, me quiero arrancar los pelos, me cago de miedo y tengo pesadillas boludas con las cajitas de quark. Pero reboto. Reboto a ésta que resulta que si soy, contra todo lo que yo misma pudiera pensar. Es decir: la capacidad de alegría la tengo. Yo ya lo sospechaba, incluso creo que recordaba un tiempo pre-mi-papá-se-murió en el que era así. Y resulta que si. O no. Pero por ahora si.

Y estoy contenta. Es. Oh. Eso.

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