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Conclusiones estúpidas LII

Los carteles de rebajas me deprimen porque me hacen sentir que el verano se acaba y eso que no ha hecho más que comenzar ¿dónde quedaron esos tiempos en los que las rebajas era por liquidación de stock al final de la temporada?

Fotos con ojos II

El lunes estuve en una nueva sesión de fotos, esta vez con Marta Arce, judoka y una de esas mujeres en las que la fuerza se le adivina con sólo mirarle la sonrisa. Marta empezó a practicar judo hace 11 años, a los 19. “Ya de muy mayor” como dice ella y sufre una deficiencia visual progresiva relacionada con la falta de pigmentos en su piel y ojos. Yo digo que empezó a tiempo, si no, mirá a dónde ha llegado.

Marta contaba que en las últimas paralimpiadas (las de Atenas) no les dejaban llevar cámaras de fotos a los deportistas y España no había llevado fotógrafos profesionales a la competición porque no pensaban que fueran a ganar… y Marta terminó como subcampeona. Cuenta: “Mira que les dije, que allá ellos, que yo pensaba traerme una medalla”. Y cumplió.

La sesión fue genial, incluso corta, diría. Ya comenté que la fotógrafa, María, es muy maja y genera un ambiente de lo más relajado, tomando unas fotos preciosas con las que me va a encantar trabajar, ya que la mayoría de las veces, las fotos que usamos son o bien de banco de imágenes (con lo cual hay que adaptarse a lo que se encuentra o el cliente se puede permitir pagar) o bien tomadas informalmente por los mismos clientes (algo habitual en publicaciones corporativas, newsletters y house-organs).

En algún momento, me tocó ponerme la chaqueta azul de Marta (les cuento: los judokas tienen dos equipos oficiales, uno blanco y uno azul… al que sale sorteado primero le toca llevar el blanco y ésto se hace para evitar trampas y confusiones de los árbitros en el entrevero de cuerpos que el judo genera) y prestarme a ser “inmovilizada” para que se pudiera hacer una foto más de “acción”. A mi sólo me tocaba quedarme quieta (y apartar la melenahelecho) mientras Marta me sostenía por la manga y la solapa, pero la fuerza del gesto era perceptible, si hubiese tirado un poco me hacía volar por los aires cual escena de Kill Bill. Por otro lado, debo confesar que la chaqueta, de grueso algodón reglamentario es calurosísima, sinceramente me sorprende que la pobre haya aguantado las casi dos horas de fotos, en quichicientas posturas, tirándose al suelo dos mil veces y levantándose otras tantas hasta conseguir una foto que quizás no usemos.

Pero es que ellos (los deportistas paralímpicos) sienten que tienen otra misión: dar relevancia al deporte como práctica integradora, mover a la gente a entender que un discapacitado es tan igual y tan diferente como cualquier persona y además, comprobar ante todos que la motivación, el esfuerzo (hombre, 11 años de práctica deportiva se dice pronto pero andá a entrenar 4 horas por día durante tanto tiempo ¡y trabajando de manera simultánea!) y las ganas de superarse, dan magníficos resultados porque uno siente que puede.

Sobre el trabajo, bueno, va marchando. Es gracioso porque la fotógrafa y yo tenemos una visión similar del libro que pensamos que debe ser, pero mi director creativo tiene en mente una línea diferente, así que como él es el jefe, pues tendré que encontrar el camino para lograr un equilibrio entre esas formas diferentes de ver las cosas… Es raro, porque pocas veces veo tan claro un proyecto, tengo tan tan tan claro lo que debería ser el resultado. Veremos en qué termina, porque todavía falta mucho material por elaborar (los textos aún se están escribiendo y las fotos… hombre, son trece deportistas y vamos por la tercer sesión). Y el cliente está contento… La gente con la que he tenido las reuniones es gente muy agradable, que confían en cómo llevaremos adelante el proyecto y que además, está muy comprometida y orgullosa de la participación de su empresa en el Plan ADOP “Amigo paralímpico”, que culmina este año con los Juego Paralímpicos de Beijin pero que esperemos, se renueve durante otros cuatro años más.

Fotos con ojos

Tenía tantas cosas en mente que se pueden contar. Y tan pocas ganas de contarlas. No, miento. De contarlas, si. De escribirlas, no. Pero pilas, che.

La semana pasada fue la sesión de fotos con Enhamed Yahid, el nadador ciego del equipo paralímpico español, que es el favorito para estas olimpíadas, entre otras cosas porque ha batido incluso marcas mundiales. Enhamed es canario pero vive en Madrid porque acá entrena y estudia… bueno, lo de estudiar… como dice él, con sonrisa e ironía, es algo que tiene medio abandonado pero normal, si está entrenando para los juegos de Pekin y ya no queda nada. La cosa es que las fotos se hicieron en el Centro de Alto Rendimiento, donde todos los deportistas olímpicos y paralímpicos que viven en o cerca de Madrid, tienen su espacio de práctica deportiva.

Acá tengo que hacer un inciso: cuando veo este tipo de instalaciones públicas, me doy cuenta de lo mucho que me gusta vivir en este país. Es que ves adónde va el dinero que pagas en impuestos, servicios, renta, los descuentos de la seguridad social. Cierto, es un montón de plata. Pero se invierte en este tipo de cosas y eso da emoción. Imaginate si en Argentina, parte de lo que se roba se invirtiera donde corresponde. Bueno, me callo, que si no me pongo a llorar.

En fin, con Enhamed estaban otros tres de sus compañeros de selección, que no me quiero olvidar de nombrar porque la broma del grupo es que como Enhamed es el más guapo siempre lo sacan a él en las fotos. Los chicos (que sufren diferentes grados de pérdida de visión pero evidentemente se multiplican en sentido del humor) son Enrique Floriano, Juan Diego Gil y Luis Arévalo. Hubo foto de grupo y momento divertido cuando la fotógrafa, María Primo, les pedía que miraran hacia ella y los chicos le decían a Enhamed (que era el único ciego total del grupo) “¡Enhamed, que te dicen que mires, hombre, no hagas perder el tiempo!” De hecho, eso es lo que noté y es que usar verbos como mirar no es problema porque al fin y al cabo, se trata de dirigir la mirada y para un ciego, la voz es una referencia perfectamente válida, da igual el verbo que uses.

En fin, que todo salió bien, María (la fotógrafa) es re macanuda y en sólo un par de horas teníamos material más que suficiente (sólo usaremos una o dos fotos de este chico porque hay otros doce paralímpicos que van a salir retratados en el libro que estamos haciendo). No sé, yo me lo pasé bien (además, salir de delante de la pantalla siempre se agradece) porque de estas cosas se aprende (es que me puse a jugar a asistente de fotógrafo, porque sólo opinar y proponer fotos puede ser aburrido si es lo único que hacés durante tres horas) y además me vino bárbaro para empezar a pensar el “hilo conductor” del libro porque ahí me di cuenta de que la cosa emocionante no es sólo conocer a una persona con discapacidad que se supera, a un ejemplo de vida, sino que estás charlando tranquilamente con un deportista de élite, una persona que sin dudas te da mil vueltas porque entrena, se prepara, se concentra y qué querés que te diga, la gente que tiene pasión por lo que hace, a mi me emociona. Y ahí te das cuenta de que eso es lo que querés que todo el mundo sepa, no sólo que los discapacitados son iguales a todos, sino que… son mejores ¿se entiende?

Bueno, después sigo

Oportunidades

Así como me paso días y días sin saber qué escribir o sabiendo perfectamente qué escribir pero no queriendo escribirlo ya sea por no preocupar al personal, porque son cosas que no terminan de cuajar o porque bla, de pronto hay algo que me emociona y no puedo evitar contarlo porque es super chachiguayin-presionante-en-dos-palabras y es que mañana voy al Centro de Alto Rendimiento del Consejo Superior de Deportes, a una sesión de fotos con un deportista español de élite, una de las grandes esperanzas para los Paralímpicos de este año, y me da mucha emoción porque a veces este trabajo frívolo que tengo me da oportunidades como ésta y soy muy muy feliz y se acaba, al menos por un rato, el bla.

Hobby

Ayer fui a ver el documental Hobby de Ciro Altabas que había visto anunciado en Kirai.

En principio íbamos a ir con Vireta y Gossher, pero la obra en casa y el obrero ¡que no se quería ir hasta terminar! (digo yo, a este hombre hay que darle un premio), hicieron que el plan terminara en yo y mi alma saliendo a caminar a ver si mis pies me llevaban para el lado de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (por cierto, pedazo de auditorio, hay que ir a más cosas ahí).

Por suerte, para allá me llevaron y aunque me da mucho corte ponerme ahí solita en la fila para entrar (y ni siquiera pregunté si esa era la fila, si había que esperar, si nadadenada porque me da vergüenza. Sinceramente, a veces no me soporto). Entré, me senté y fantásticamente mi solitud se acabó en cuanto vi entrar al estimado Contra-Contra que había dicho que “Seguramente nos veremos allí, o no.” en su estilo habitual de precisión y definición y ya justo empezaba la proyección y sinceramente: muy bueno.

No sé si lo van a dar de nuevo ni donde pero si tienen oportunidad, véanlo. A mi me pareció muy divertido, un recorte de Japón visto desde afuera, riéndose de todo un poco pero sin subestimar a los japoneses, sino mostrando esa parte encantadora que tienen.

Yo creo que de este chico veremos muchas cosas más.

La sensación que te deja es que Japón, como dijeran (V) y Gossher: es un lugar al que hay que ir ¡y para volver!

Entresemana

No tengo mucho para contar. Pero bueno. El miércoles a la noche fui a la inauguración de Home Burger de la calle San Marcos (el segundo que se abre), a la que amablemente, me invitó Edgar González.

Estuvo bueno porque he querido probar esas hamburguesas desde hace tiempo, pero el Home Burger que está en la calle Espiritu Santo, en Malasaña, casi siempre está a reventar. Por lo visto, hay que reservar y en un principio pensaba “¡alucinante! reservar para comer hamburguesas”. Pero claro, no contaba con que se trata de unas hamburguesas que por lo visto están hechas con la mejor carne de Ávila, que están muy bien condimentadas y que bueno, están buenísimas (inciso: argentinos del mundo, avivaros. Carne buena hay en muchas partes, y en España, entre la del norte – Galicia, por ejemplo – y la de Ávila, podemos sobrevivir en este país sin morir de síndrome de abstinencia. Probablemente lo más difícil de conseguir es el osobuco, pero si lo encargás – como todos los cortes argentinos – te los preparan sin problemas. Lo sé porque esta mañana anduve buscándolo y no lo conseguí).

En fin, que el sitio estaba a reventar así que nos sentaron en una mesa ya ocupada y ¡oh sorpresa!, resultó lo mejor de la noche. Estuvimos charlando con Fernando Alonso (fotógrafo) y Sandra Espinosa (estilista), dos personas super agradables que a esta altura de la noche ya habían compartido mesa con otras personas pero por lo visto nosotros les caímos mejor, jaja

La cosa es que a veces me sorprendo a mi misma. Es decir, nunca voy a este tipo de cosas porque suele darme mucha vergüenza como tímida que soy, y luego no paro de hablar hasta por los codos (eso TIENE que ser portación de pasaporte… argentino, claro). También suele darme pereza porque pienso “uf, ir sola, y con quién hablo, y qué se hace en estos casos y joer, será toda gente guay” y después resulta… ¡que la gente es normal y encantadora! Este tipo de cosas no hace más que recordarme que soy una pelotuda y por vergonzosa me pierdo de mil cosas que tendría que hacer.

En fin, que me lo pasé super bien (a pesar de tener que esperar algo más de una hora para sentarnos) y menos mal que fui. Carajo. Y lo anoto acá porque así me acuerdo de que tengo que decir SI más seguido que NO.

Resulta que

Resulta que en el medio de todo ésto (ahhh, que misterioso), me fui de viaje a Portugal, escribí un post sobre los viajes y las vueltas a casa que publiqué y después borré, me regalaron un cuaderno para anotar recetas, me dieron un premio-meme, lloré un poco, me callé la boca otro poco, volví al trabajo, pasé de mi propio culo, me compré dos camisetas perfectas que la lluvia y el fresco me impiden usar, no escribí casi acá (o si, escribí un montón pero no publiqué un carajo porque no me da la gana y, siendo sinceros, tampoco tenía ningún interés), fui a ver a Kevin Johansen y a Russian Red, me hice fotos, me corté las uñas, me las pinté de rojo, me las despinté y volví al brishitotengotreceañosymimamámedejapintarmelasuñas de toda la vida, me compré un lapiz de labios rojo y lo usé (?), me compré un libro de Miguel Gallardo que me duró 15 minutos y me hizo llorar, fui a ver la muestra de Mucha (tienen que ir, joer), me tomé unos cuantos gin-tonics (siempre acompañada), me di cuenta de varias de mis estructuras (estamos en ruinas), me mojé por no querer llevar paraguas, llevé paraguas al pedo, caminé bastante y he decidido que el snack de la temporada son las zanahorias lavadas pero sin pelar (supongo que me encanta que la gente me mire raro cuando saco una zanahoria y me la comocrunchcrunchcrunch), y básicamente hice el tonto, me hice la boluda, y si pudiera, me haría la dormida y ni te darías cuenta de la diferencia.

Tons, porque quiero que quede acá registrado:

Gracias a Veleidades Vitales por el premio, que por lo visto tengo que dar a alguien más y no sé a quien carajo, todavía.

Gracias, burma por el cuaderno de recetas. La primera que ha sido anotada es la siguiente (que es una de las primeras que aprendí a hacer):

Bolitas de dulce de leche

1/2 pote de dulce de leche
Galletitas “Coquitas” trituradas (bueno, pueden ser de cualquier tipo, preferentemente de vainilla o coco)
Coco rallado

Hacer una pasta con las galletitas y el dulce de leche. Con la pasta hacer bolitas y pasarlas por el coco rallado. Enfriar.
También se pueden bañar en chocolate cobertura o pasarlas por Nesquik.
Para el té.
(abajo hice un dibujito re feo de las bolitas y una taza humeando que paso de publicar, obviamente).

Acabo de descubrir que Miguel Gallardo tiene blog. Ah, y por cierto, estoy tratando de conseguir su libro “Tres viajes: Tel-aviv, Buenos Aires y Turín” y en lo encargué en la Fnac pero hoy me dijeron que nenein. Quecagada.

Y eso, que seguimos en modo bla.

Love’s gonna get you down

Por eso hay que bailar…

Claves

La imagen no sé de donde la saqué ni de quién es. Pero es de esas cosas que hay que poner para recordar. Que el equilibrio es la clave del éxito.

Aunque dice Kevin Johansen* que la clave es el timing.

Yo creo que a esta altura ganar ya me empieza a dar igual. Lo que yo quiero es jugar.

* Lo sé porque lo oí decirlo. El sábado. Todavía me duele el esqueleto.

No past land

Ojalá que se acabe. Ojalam.

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