La pregunta
La pregunta ya no es “qué ofrecés a cambio”.
La pregunta es “qué querés” (y desear fervientemente que la respuesta al menos sea una sola cosa).
La pregunta ya no es “qué ofrecés a cambio”.
La pregunta es “qué querés” (y desear fervientemente que la respuesta al menos sea una sola cosa).
¿me querés?
que si me querés…
pero…
¿me querés?
HE DICHO…
¡¡¡¿¿¿me quereeeeeeeeés???
no
Hace dos segundos acabo de experimentar eso de sentirse “fuera de uno” y verse, como si se preguntara recurrentemente “¿yo soy yo?”, en fin, no sé cómo explicarlo pero me pasaba mucho de chica y me ha sorprendido.
Efftou comenndof roffcom dem reffess.
Viernes. Fiesta de empresa. Karaoke. Imagen mental totalmente clara con tan poca descripción.
En un momento dado, a alguien le toca cantar “Y cómo es él” de José Luis Perales, melodía y letra que de inmediato me retrotrae a mi más tierna infancia y veo a mi viejo, agarrado a una cuchara-micrófono, cantándonos (¿con fervor? ¿devoción?) esa canción a mis dos hermanas mayores y a mi, mientras se revuelca, ruega, simula un llanto desconsolado y nos sacude, demostrando su desesperación.
El viernes, por primera vez en mi vida, entendí que la canción va sobre los cuernos y no sobre el padre desesperado hablandole a la hija que se ha enganchado un novio.
Estupefacta es la palabra. Pero para mi, la canción sigue siendo lo que era.
Ésta es mi actual tarjeta de presentación. De verdad.

Pero estoy intentando que me asciendan a un cargo más importante y evidentemente, mejor pagado:

Todo es cuestión de autodescripción.
La semana pasada fue dura. Volver de unas vacaciones que no rindieron demasiado no era agradable. Sin embargo hoy me encuentro descubriendo que todavía me queda esa sensación de cuando tenía 7, 8 o por ahí.
Las ganas de volver a clase, de ver a la seño, a los compañeros. Las ganas de volver a hacer la tarea, tomar el recreo, volver a casa ya sola para almorzar porque he cumplido un año más y “soy más grande”. Los primeros días de clases, con los pantalones cortos debajo del guardapolvo y yendo a clases con sandalias.
Los proyectos nuevos, los temas más difíciles, los libros por aprender y las ganas de estudiar, de ponerme a estudiar ya mismo, de saber más, de conocer más, de hacer mucho, mucho más.
Me gusta volver. Porque tengo ganas.
Las ganas. Que me las conserven…
¡Ah! Cuánto amo mi trabajo
¡Oh! Cuánto cuesta volver de las vacaciones
¡Uh! Cuánto odio salir fuera de horario
¡Eh! No tengo mastercard.
Decía yo :”... tironeada entre dos deseos que tampoco es tan malo porque al menos no es deseo y obligación, sino deseo y deseo…”
Eu, que sola me sorprendo por mi capacidad de complicarme la cabeza. Qué clara la tengo, por dió... ¡ja!