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¿A qué esperas?

a que se acabe el horario de currar.

a que sea mañana.

a que sea festivo.

a que empiece en el curro nuevo.

a que se caliente el agua para el mate.

a que me llame.

a que se decidan.

a que me decida.

a que se decida.

a que no me duela.

a que me enamore.

a que me lo digan.

a que me avisen.

a que me inviten.

a que me inventen.

a que me invente.

pero más que nada, a que no me duela, calculo.

(a veces, no sabés lo que te perdés… y no sabés lo que te ahorrás).

Cumplir… años

  1. Dentro de una semana exacta, el 7, cumplo 32 años. Será mi quinto cumpleaños en España. No dá hacer reflexiones profundas. Pero si anotar una cosa: que cada año que pasa, mi ritual de cumpleaños es recordarle con tiempo, a mi gente, cuándo y cuantos cumplo ¿Sabés qué pasa? Que yo normalmente me acuerdo de los cumpleaños de todo el mundo, pero me acuerdo tipo un mes antes, una semana antes, dos días antes… pero como habitualmente no sé en qué día vivo, el día que el cumpleaños ES, se me pasa. Y parece que no me acordara. Y lo paso mal porque pienso que esa persona que cumple años va a pensar que no la quiero, que no es tan importante, que no me acordé de ella y me duele por mi, por perder la oportunidad de demostrarle cuánto importa en mi vida. Y como yo no quiero que mis amigos se sientan así, y tampoco quiero que se olviden de mi cumpleaños, lo recuerdo con tiempo, y así todos nos evitamos penas, culpas y desilusiones.

    Así que ya saben.


  2. Por otra parte: Me adelanto el regalo de cumpleaños que es uno de los mejores que uno mismo se puede hacer. Hace unos días, mi amiga Carla me mandó la letra de una canción que tiene relación con algo que le conté de mi infancia. Es una canción de Victor Heredia que mi viejo me cantaba convencido. Cuando yo era chica, era un verdadero desastre: marimacho, peleadora, futbolera, despeinada, siempre hecha un estropicio, grandota, torpe, un poco bestia. Y mi viejo me cantaba “Dulce Daniela” y yo me moría de amor por él, con estas cosas que tenemos las hijas (especialmente las “del medio”) por los padres (y quién iba a saberlo, por los padres que se van tan pronto). A mi me parecía que él era el único que veía a esa otra Daniela que había en mi: la dulce.
  3. Y si, desde que la volví a escuchar, me la paso sopandome las lágrimas. Pero no es nada que no se arregle con un “¡feliz cumpleaños!” dentro de una semana. Porque son lágrimas de las lindas. De las que te dice que queda algo para recordar.

Ella decide cuándo es de día,
ella maneja el sol,
anda pintando toda la casa
con trozos de crayon.

Rojo a los muros,
verde al oscuro sillón del comedor
y un poquitito de azul celeste
aquí en mi corazón.

El amarillo tiñe a los vidrios
y ella no entiende bien
cómo es que pierde sus hojas verdes
el paraíso aquel.

Píntame un árbol que no envejezca,
pinta en mi habitación
un árbol verde con hojas frescas,
pinta con tu crayon.

Que necesito, dulce Daniela,
alguien que pinte aquí
un mundo nuevo, píntalo nena,
pinta dentro de mi.

Que necesito, dulce Daniela
alguien que pinte aquí
un mundo nuevo, píntalo nena,
pinta dentro de mi…

Dulce Daniela, Victor Heredia

A veces me falta…

... pero qué fácil parece en la voz de Lenine.

Muchas veces tengo…

El miedo es una sombra que el temor no esquiva
El miedo es una trampa que atrapó al amor
El miedo es la palanca que apagó la vida
El miedo es una grieta que agrandó el dolor

... pero suena menos feo en la voz de Lenine y Julieta Venegas.

22:55

– ¿Conoce esa vieja frase que dice “Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”? Bueno, creo que aquellos que recuerdan el pasado están peor todavía.
(...)

Voy caminando del metro a casa y en uno de esos bonitos relojes digitales, en una parada del autobús, veo la hora.

22:55.

La hora del recuerdo.

Hace mil, alguien metió en mi cabeza la idea de que cuando mirabas un reloj digital y éste señalaba una hora capicúa, alguien se estaba acordando de vos.

Por alguna razón, la hora perfecta, la de la más bonita simetría, la que indudablemente tenía que ser la hora en que alguien se acordaba de mi, era esa. No sé por qué, pero era la que más me gustaba.

Y me encuentro subiendo por Fuencarral y preguntádome si te acordás de mi. Si serás vos quien está pensando ahora en mi. Si te acordás pero en serio. Si te pasa como a mi, que las cosas que hice con vos de alguna manera se quedaron caducas para el siguiente. Por que siempre hay un siguiente con el que hago otras cosas que ya quedan caducas para el siguiente. Porque siempre hay un siguiente.

– Los que recuerdan el pasado tienden a no entender una mierda de la historia.
(...)

Y a mi me da la sensación de que las cosas que hice con vos (con vos, con vos y con vos) de verdad que no puedo repetirlas. Porque repetirlas es faltarte al respeto, quitarte ese lugar que construimos (¿contruí-mos?). Porque yo me acuerdo. Me acuerdo lo que fue para mi. Lo que sentí, lo que significó. Y es muy difícil que vos o vos o vos borren el significado que vos le diste (o que yo le di para vos).

Y entonces así me voy quedando vacía de cosas que compartir. Porque me acuerdo y no me doy respiro. Porque no sé cómo se hace de otra manera. Porque quiero que cuando haga ésto con vos sea para vos y no para vos o vos.

– En mi opinión, aquellos que recuerdan el pasado viven paralizados por él.
(...)

Entonces pienso que lo que yo quiero es olvidar. Quitar de significado. Vaciar todas las experiencias. Olvidarme de vos (y de vos y de vos).

– ¿Qué le parece: “Aquellos que pueden olvidar el pasado van muy por delante del resto de nosotros”?

Y no sé cómo.

Fragmentos de Asfixia, de Chuck Palaniuk, recomendado por (V)ireta, que es otra que recomienda esos libros.

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