Mi trabajo tiene a veces cosas maravillosas. Ahí me felicito por haberlo elegido. De pronto estoy plegando papeles para hacer una invitación exclusiva como dibujando a mano como reemplazando el disco quemado del ordenador como haciendo cafésoloparami como pintando como corriendo por los pasillos como gritando por teléfono.
Muchas veces el resultado final no tiene nada que ver con lo que pensé, soñé o diseñé porque hay demasiados factores que se barajan como el tiempo, el cliente, el humor del día, que tanto me duelen los ovarios, el resultado de la Champion y la demora del autobús (aunque siempre pesan más los números).
Pero hay una parte de mi trabajo que siempre es satisfactoria: la investigación. Muchas veces toca leer pilas y pilas de material que de otra manera nunca llegaría a mis manos, sólo para poder encontrar una mínima idea, una conexión para un concepto con una imagen, una explicación clara que me permita saber de qué carajo estoy hablando.
He tenido que estudiar sobre rehabilitación muscular mediante impulsos eléctricos, origen de los nombres de las constelaciones, nombres guanche, arte y vanguardias, la vida de Marilyn, normas y protocolo japonés, ortografía y gramática, materiales de construcción, teselaciones, salutaciones festivas diferentes según el país, crochet, fractales, abejas, geometría imposible, ilusiones ópticas, hexaflexagones, tarot, la baraja española, comidas de avión, fotos de fantasmas, bulos de internet, amamantamiento, nombres élficos, alfabetos, caricaturas, anglicismos y muchas otras cosas más.
No es que sepa realmente algo de todo ésto, pero me gusta leer y a veces aprendo algo de verdad. O encuentro nuevos intereses.
Ahora estoy con la fruta. Lo malo es que me he dado cuenta de que no como la suficiente. Y bueno.