Négone
¡La pucha! Tenía entradas gratis para Négone y hoy las regalé. Estoy mal de la cabeza.
Pa my friend: Glamour to kill y otros más en la plaza frente al Reina Sofía, el miércoles 21.
Bajofondo Tango Club en el Círculo de Bellas Artes, mañana martes 20.
Cómo me gusta el fútbol (en su justa medida).
Escuela Normal Enrique Wollmann Nº3. circa 1983. Yo tenía 8 años y estaba en tercer grado. Ese año tenía un compañero que se llamaba Guillermo Blanco y era una bestia. Guillermo era uno o dos años mayor que nosotros porque repetía curso por segunda vez. Terrible, violento y antisocial, golpeaba al resto, nos hacía el recreo imposible interrumpiendo juegos, robando la pelota, gritando y montando escándalos que para qué contarte. Era imposible soportarlo. Y ni siquiera las maestras podían con él.
Pero resulta que un día, este Guillermo, al que nadie podía controlar ni someter, hizo que mis compañeros me llamaran y me dijeran que me esperaba en el centro del patio, que quería hablar conmigo. Me acerqué a él (sin mentir, un tanto atemorizada), y él, rojo como un tomate y sin mediar palabra, sacó de su espalda una rosa blanca y medio destartalada.
Ahí estaba, el chico más terrible e insoportable del colegio, mudo y quieto, hirviendo de expectación en el medio del recreo de un colegio alborotado, con la cara ardiendo, ofreciéndome una rosa blanca, enorme y robada a mi. ¿Y yo qué hice? En un impulso justiciero, la tomé y la destrocé en su cara, sin cuidado, aplastando pétalo a pétalo, arrancándolos y dejándolos caer sobre sus zapatos marrones.
No tenés idea de cómo era el gesto en su cara. Sus ojos de 10, la boca torcida, la sorpresa congelada y derruida. Supongo que fue el primer corazón que rompí. Pero te juro que todavía hoy recuerdo perfectamente lo que sentí. Y creo que fue en ese momento en el que empecé a controlar esos impulsos, porque me di cuenta de que no quería (y aún hoy no quiero) volver a hacer sentir así a nadie. Claro, quizás igual me pasé y terminé controlando demasiado todos mis impulsos. Pero fue una sensación tan fuerte y tan agria ese poder de hacer daño al otro que sentí, que no quise sentirme así nunca más. Nunca más.
No, si lo mío debe ser karma, no te digo…
Finalmente, el jueves nos juntamos. Choque de planetas. Qué bien que lo pasé (amos, creo). Llevo los tres últimos días intentando encontrar la manera de explicar por qué para mi fue un éxito. Pero no se puede, hay que estar ahí para saberlo. Porque para cada uno seguro significa una cosa distinta.
Caras que se repiten desde aquella mítica (para mi) primera quedada en Madrid, gente que estuvo en la segunda, gente que se ha visto en alguna otra oportunidad, muchos que ahora son amigos de verdad.
Yo no sé ni por qué tengo un blog, si tanto me cuesta escribir. Supongo que en parte es por cosas como éstas.
Que entonces, me tomo la licencia y los redirecciono a al blog de nadie, que creo que sabe juntar todo eso en este post.
Por muchas más…
No estoy hecho para ser amado ¿Me lo dice a mi?
La dignidad de los nadies, de mi coterráneo Pino Solanas. Volver a mirar Argentina.